martes, 26 de febrero de 2013

Una preguntita sobre economía...


Antes de comenzar a escribir, tengo que confesar que no soy una conocedora de este tema.  Soy completamente ignorante en los temas de economía y política, así que no pretendo levantar una voz de autoridad aquí.  Como el título dice, sólo quiero plantear una pregunta y dejarla en el aire.  No pretendo tener la respuesta, pero sé que Dios sí la tiene.  Tampoco pretendo apoyar algún sistema económico.  Todo sistema es humano y, por lo tanto, imperfecto, con tendencia al error.

Esta mañana estaba teniendo mi tiempo con Dios y simplemente se me vino algo a la mente.  Comenzó como una distracción (yo tengo la tendencia a distraerme fácilmente, es uno de mis grandes defectos).  Vi una botella de jabón que tenía una marca y un logotipo por detrás.  Entonces me puse a pensar en que la leche de soya que yo solía consumir es también de esa marca.  Me pregunté, ¿cómo es que una empresa que hace jabones también hace leche de soya?  Mi mente comenzó a divagar, una cosa llevó a la otra.  Pensé en monopolios, en injusticias, en unos pocos que se benefician del arduo trabajo y la poca paga de otros.  Se me quebrantó el corazón y sentí la urgencia de escribir.

En eso me vino a la mente las opiniones que he leído en libros de algunos maestros y consejeros cristianos a los que respeto mucho, todos a favor del capitalismo.  Es como si el capitalismo fuera “la revelación de Dios” en lo que se refiere a economía.  A eso podemos añadirle los enunciados principales de la teología de la prosperidad, que profesan que la bonanza económica es una de las evidencias de una relación saludable con Dios.  Ni siquiera tengo ganas de entrar en eso.  Recordé que en uno de sus libros, Frente a la Vida (uno de los mejores que leí durante mi adolescencia), James Dobson (a quien admiro y me encanta) tenía un párrafo en el apéndice que en ese tiempo me asustó un poco y me vino a la mente mientras meditaba.

Lamento mucho no poder copiar el párrafo de manera íntegra.  En este momento, todos mis libros están en cajas por algunos cambios que estamos haciendo en mi casa y sólo Dios sabe dónde estará ese libro.  Pido perdón porque de por sí tengo mala memoria, sumado al hecho que cuando leí este libro, yo tenía 16 años.  Pero James Dobson decía algo parecido a esto: “Supongamos que usted se esforzó, estudió para un examen y sacó una A, mientras otras personas no estudiaron y sacaron una F.  La maestra entonces dice que todos tendrán una C.  Así es el comunismo y esa es la razón por la que es un sistema injusto, el capitalismo es lo mejor y por eso EE.UU. es la nación más rica del mundo”.  (Obviamente el libro fue escrito hace muchos años, jajaja). 

Pensé en una base bíblica para la aseveración de Dobson, compartida por muchos otros cristianos que dan por sentado que ser cristiano significa ser capitalista.  Oré.  Le pregunté a Dios qué piensa Él de esto.  Y lo primero que me vino a la mente fue este pasaje de Mateo 20.

Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo.  Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.  Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza.  Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo.  Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?”  “Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.”
Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.”  Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.  Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día.  Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.”  Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga?  Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti.  ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?”
Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos

Estoy acostumbrada a utilizar la NVI, pero siempre estoy comparando con otras versiones.  El versículo 15 literalmente dice:

¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?

En mi opinión, este texto anula por completo el párrafo de mi apreciado doctor Dobson.  Claro, yo sé que hermenéuticamente el pasaje está hablando de la salvación, que era para los judíos (quienes han tenido conocimiento de Dios por siglos) y que llegó a extenderse también a los gentiles como nosotros, que nunca tuvimos un pacto anterior con Dios.  Pero creo que Jesús contó esta parábola de esta manera porque también revela el corazón de Dios en cuanto a lo que es justo con respecto al pago de trabajadores. 

Y ahora, aquí es donde quiero dejar mis preguntas.  ¿No es el capitalismo, acaso, un sistema que me lleva a actitudes contrarias al evangelio, como individualismo, egoísmo, avaricia, envidia, celos?  ¿Es realmente justo el capitalismo?  Si alguien dice que sí, antes de lanzarme su erudita respuesta con teorías económicas, primero respóndame una cosa: ¿Por qué un agricultor que suda y se cansa todo el día gana menos que un gerente que está sentado en una oficina?  ¿Acaso trabaja menos el agricultor?  ¿Por qué un albañil que levanta cosas pesadas y arriesga su vida en las alturas gana menos que yo, una traductora que no se mueve de su casa?  ¿Por qué me parece injusto que los demás tengan iguales beneficios a los que yo tengo, aunque no hayan estudiado, aunque tengan otra raza, aunque no dominen las ciencias?  ¿Acaso es mi ojo malo y no dejo que Dios sea bueno a través de mí?

Señor Dios, Tú tienes la respuesta.  Ayúdale a Tu iglesia a ser instrumento Tuyo para que se demuestre Tu justicia en la tierra.  ¡Maranatha!

1 comentario:

anDresOskar dijo...

Me gusta mucho tu reflexión, es concisa y sensata, gracias por compartirla, me uno a tu oración, Maranatha!